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sábado, 22 de octubre de 2011

Sobre teogonías, tareas titánicas y otros imposibles

© Alex Furr - Library Series 3.
A veces el día a día nos absorbe tanto que pasamos por la vida sin apreciar cosas que tal vez merecerían nuestra atención. En materia de literatura y de música hace años que tuve que asumir, muy a mi pesar, que no sólo el día a día me iba a impedir leer y escucharlo todo, sino que la magnitud de la galaxia Gutenberg (#1) era tan grande a escala humana que lo mismo hubiese podido querer pasearme por alguna nebulosa perdida en lo más profundo del espacio infinito.

Igualmente utópico se me antojó muy pronto, añadiendo más resignación a mi joven visión del mundo, el querer oír toda la música compuesta, tararear todas las canciones, bailar todos los compases... Ni los propios Τιτᾶνες (#2) podrían emprender semejante tarea con esperanzas de éxito. Vamos, que de nada me iban a servir las horas robadas al sueño, consumidas en la lectura de miles de páginas escritas, ni las sesiones de audición que unos auriculares de gama media convertirían en un dolor permanente de los sufridos cartílagos de mis orejas.

Ludwig van Beethoven, Tom Sharp, The Rolling Stones, Isaac Asimov, Immanuel Kant, Somerset Maugham, Manuel de Pedrolo, Stephen King, Genesis, Supertramp... Una amalgama de nombres, sonidos, frases... entraba a raudales en mi hambrienta cabeza, formando una especie de nebulosa más o menos difusa. Horas robadas al sueño, primero clandestinamente, con la ayuda de una linterna bajo las sábanas, cual Bastián de La Historia Interminable, más tarde de forma consentida (aunque no aprobada) por mis padres.

Muchas veces cerré un libro, finalizada la historia que narraba, cuando por la ventana aparecía la luz del alba. Muchas veces, también, di la vuelta una y otra vez a un disco o una cinta de cassette, para desespero de mi familia y vecinos o castigo de mis oídos bajo la presión de los auriculares.

© Dora Pete - Guitar 3.

He citado a Bastián, el joven protagonista de La Historia Interminable (Die unendliche Geschichte), de Michael Ende, no por mero azar. Yo no había leído nada de este escritor alemán, especializado en obras de corte fantástico para niños y jóvenes, cuando, ya en la universidad, una amiga me prestó Momo. La historia de la niña huérfana, que se enfrenta a los hombres grises para impedir que éstos roben el tiempo a la humanidad, me cautivaría rápidamente, como había hecho (y sigue haciendo) con miles de lectores de la obra de Ende.

Más tarde, cuando vi en el catálogo del Círculo de Lectores que habían publicado La Historia Interminable, no dudé en comprarlo. Su lectura me descubriría que yo no había estado solo. Que, igual que yo devoraba páginas a la luz de la linterna, protegido por las sábanas y mantas de mi cama de los inquisitivos deseos maternos de hacerme dormir, un tal Bastián hacía lo mismo en el libro. Se produjo por tanto un curioso fenómeno. Los que hayan leído La Historia Interminable sabrán a lo que me refiero: yo estaba leyendo un libro (si bien ya no necesitaba esconderme dentro de la cama) que hablaba de un niño que leía a escondidas un libro que, a su vez, hablaba de las aventuras de un joven guerrero del reino de Fantasía. Como descubre Bastián al final de su historia, la fantasía nos permite viajar a mundos que contienen, a veces, claves para resolver los problemas del mundo real. Y el secreto está en saber viajar entre ambos mundos, sin dejar que el fantástico nos arrastre y nos haga olvidar el real.

© Jonathan Adrianzen - Old Library.

Pequeñas joyas como Momo o La Historia Interminable podrían haber pasado desapercibidas de no ser por pura casualidad. Eso me preocupaba mucho al principio de mi vida de lector.¿Y si ese libro que no tenía tiempo de leer o dinero para comprar era el que iba a suponer un nuevo descubrimiento para mí? Como el problema no tenía solución, tuve que aceptar que, a veces, la visión estoica (en el sentido que ahora damos a este término #3) de la vida es la única posibilidad que tenemos de no sentirnos engañados por ésta.

Jamás (y fijaros que eso supone un buen montón de tiempo) podremos leer todo lo que se publica. Del mismo modo, tampoco podremos nunca (otro buen montón de tiempo) escuchar toda la música que se compone. Por lo tanto, lo único que podemos hacer los que vivimos de la lectura o la música es conseguir revestirnos de una gruesa coraza de resignación. Y tratar de dejar siempre los radares conectados, a la caza de ese libro revelador o ese disco genial que cambiarán nuestra visión del mundo.



Notas:

#1 - El concepto de Galaxia Gutenberg es introducido por Marshall McLuhan para referirse a la comunicación escrita, al universo de obra y tiempo comprendido desde la invención de la imprenta en Europa (los coreanos la habían inventado dos siglos antes) por Johannes Gutenberg (ca. 1450), hasta el advenimiento de la Galaxia Marconi, cuyo inicio sitúa McLuhan en la invención del telégrafo, y que se caracterizará por el dominio de los medios audiovisuales (la televisión sería el paradigma de esta nueva era). Pero yo lo utilizo de una forma más parecida a la idea de Jorge Luís Borges de La Biblioteca de Babel. Entiendo, por tanto, que la Galaxia Gutenberg es el espacio-tiempo ocupado por todas las obras escritas. Obviamente, es una interpretación personal y subjetiva. Se admiten comentarios al respecto, por supuesto.

#2 - Titanes: Seres mitológicos de la antigua Grecia. Aparecen citados por primera vez en la Teogonía de Hesíodo (poeta clásico griego que, junto a Homero, constituye la cuna de la cultura clásica griega). Son hijos de Urano (el cielo) y Gea (la tierra). Liderados por el más joven, Κρόνος (Crono - el tiempo), gobernarían el mundo durante la edad dorada, hasta ser derrotados en la Τιτανομαχία (Titanomaquia - Guerra de los titanes) por los doce dioses del Olimpo, bajo el mando de Ζεύς (Zeus, hijo menor de Crono y Rea).

#3 - Los filósofos estoicos de la Grecia clásica creían que sólo se puede llegar a alcanzar la tranquilidad y la propia libertad si somos capaces de evitar que nos preocupen las comodidades materiales y la fortuna externa. Es decir, la ἀταραξία (ataraxia, ausencia de turbación) era la idea a perseguir para alcanzar la paz interior. ¿No os recuerda de algún modo ésto las enseñanzas del príncipe Siddhartha?



Algunos enlaces interesantes:

Para no meter estrepitosamente la pata, algunas afirmaciones que hago en este post han sido contrastadas previamente a su publicación. En el curso de esa breve investigación de los recursos de la red mundial, he visitado algunas páginas que considero interesantes de recomendar. Como no podría ser de otra forma (los que me conocen ya saben de mi devoción por esta fuente de información) casi toda la información procede de una atenta lectura de la Wikipedia.
  • Sobre el concepto de galaxia Gutenberg, aldea global y una moderna visión de la historia de la Humanidad:
    1. Marshall McLuhan.
    2. Sociedad de la información.
    3. Aldea global.
  • La Biblioteca de Babel es un interesante cuento de Jorge Luis Borges:
    1. Jorge Luis Borges.
    2. La Biblioteca de Babel.
    3. Texto de La Biblioteca de Babel de Jorge Luis Borges.
  • La mitología clásica griega por sí sola daría tema suficiente para escribir cientos de tesis doctorales. Una rápida visión de ese fascinante mundo se puede seguir a través de los siguientes artículos:
    1. Hesíodo - Poeta que se suele considerar contemporáneo de Homero.
    2. Teogonía - Poema de Hesíodo en el que se explica el origen del mundo.
    3. Gea - Conocida también por Gaya (Γαῖα), es la tierra madre.
    4. Urano - Padre de los Titanes.
    5. Titanes. Hijos de Urano y Gea.


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