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lunes, 18 de junio de 2012

Concierto para tos y orquesta

© alem22 - Music.
¿Habéis ido alguna vez a un concierto de música clásica? ¿No? Bueno, pues dejando aparte el tema de que deberíais hacerlo cuanto antes, de momento os perdono si seguís leyendo. ¿Sí? Bien, entonces sois de los míos... ¡Jajaja!

La música clásica, a diferencia de otros estilos más actuales, se caracteriza por tener una gama y riqueza sonora extraordinariamente amplia. En una discoteca, por ejemplo, el volumen del sonido es siempre el mismo. En la mayoría de las canciones de pop o de rock, hay un fragmento más suave y otros más fuertes, pero con pocas variaciones... Se podría decir que el volumen es casi constante.
© Ciril Jazbec - Light and rock.
En cambio, una pieza clásica... no sé... un concierto para piano y orquesta, por ejemplo, tiene variaciones continuas en el volumen del sonido, la tonalidad, el ritmo... Son obras vivas que no están pensadas para mover nuestros instintos más primitivos y ancestrales, sino que van directas a nuestro cerebro. La música clásica nos hace pensar, a diferencia del rock, por ejemplo, más pensado para hacernos bailar.


Claro está que eso no es así siempre, ni con todas las épocas, ni con todos los estilos o géneros, ni con todos los compositores, ni, por supuesto, con todas las obras... Pero sí que es cierto que si elegimos una obra clásica al azar, casi seguro que contendrá pasajes en los que el sonido nos envuelve a gran volumen, haciendo vibrar el suelo y la butaca donde estemos sentados, mientras que en otros apenas podemos llegar a apreciar la sutileza de una levísima nota que se va apagando en el aire de la sala de conciertos...

A los que nos gusta la música, la llegada de una ola de frío nos suele poner de mala leche. ¿Ein? ¿Qué cojones tiene que ver una ola de frío con la música clásica? Eso os estaréis preguntando, ¿no? Vayamos por pasos...

Todo el mundo estará de acuerdo que las bajadas bruscas del termómetro suelen provocar aumentos significativos en el número de personas resfriadas, con gripe... etc. El caso es que, cuando el frío aprieta, asistir a un concierto es un suplicio. ¿Sabéis ese pasaje de una sensibilidad extraordinaria en el que la cuerda del violín vibra casi imperceptiblemente y la nota se alarga y alarga apenas por encima del umbral de audición, exigiendo una concentración absoluta del oyente?

Pues bien, como reza el refrán, verás como viene alguien y lo jode. Justo ahí, en ese momento crucial de la obra, cuando toda la maestría del intérprete está puesta en conseguir la nota perfecta y los oyentes estamos pendientes de ello, va el resfriado de turno y se pone a toser a pleno pulmón...

© Allen Cooper - Music.
Las salas de conciertos se caracterizan por estar diseñadas con la mejor acústica posible. Eso garantiza que las toses del individuo ese rebotan perfectamente en las paredes y llegan a todos los rincones, tapando completamente el momento mágico de la obra y mandando a tomar por culo el goce de los melómanos.

Y digo yo... ¿Tánto les cuesta guardarse las ganas de toser para cuando la orquesta hace un pleno? En esos instantes ni aunque se pusiera a toser la mitad del público conseguirían tapar el estruendo que hace la orquesta. ¡Coño! Pues aprovechad entonces, so jodidos... Es lo que hacemos los demás para no molestar. No cuesta tanto.

© Pitufox27 - Marzo 2012