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domingo, 21 de abril de 2013

El siglo de la música

Una vez leí que el siglo XX podría haberse bautizado como el siglo de la música. La verdad es que la afirmación tiene su fundamento. Si nos paramos a pensar, en ninguna época anterior ha habido tanta facilidad para acceder a la música y escucharla en todas partes. En nuestra sociedad podemos escuchar música a todas horas. Primero fueron los gramófonos y sus discos de cerámica, solo al alcance de unos pocos privilegiados. Más tarde fue la radio quien llevó la música a la mayor parte de los hogares. Aún así, faltaba la inmediatez, la posibilidad de escuchar música allá donde uno quiera y cuando uno quiera. Habrían de llegar los tocadiscos, con sus discos de vinilo y, ya en los años 60, vino a nuestras vidas el cassette. Un formato simple de manejar, que permitía tanto la audición como la grabación de sonido a escala doméstica. Es cierto que la calidad inicial de todos estos medios de reproducción musical era muy rudimentaria a veces. Pero no es menos cierto que con el paso de las sucesivas generaciones de reproductores y soportes el nivel de calidad de la audición fue ascendiendo hasta llegar a límites insospechados apenas 50 años atrás.

© Marko Pekic - Record Playing 1

He de decir que a mediados de los 70, justo antes de la aparición del CD, tener una buena discoteca casera era toda una inversión. Y si además, añadíamos un buen sistema de reproducción, de los llamados de alta fidelidad, la inversión se convirtía en prohibitiva para la mayor parte de los mortales. Un equipo medianamente bueno podía costar a partir del millón de las antiguas pesetas (unos 6.000 € de ahora), habiendo auténticas maravillas que multiplicaban por mucho esa cifra. Por poner un ejemplo: un equipo formado por un plato giradiscos de alta fidelidad, un conjunto de etapa previa, tres amplificadores de potencia monoaurales separados para graves, medio y agudos, y tres grupos de altavoces para cada rango de frecuencia (etapas de potencia y altavoces duplicados para cada canal: derecho e izquierdo) podía costar fácilmente del orden de los 50 millones de pesetas. Un lujo sólo al alcance de melómanos muy pudientes.

© Phuong Tran - Accuphase E-202 1

¿Qué supuso el advenimiento de los soportes ópticos para la música? Es decir, ¿qué ganamos los amantes de la música con la llegada del CD? Básicamente, que la relación calidad/precio aumentara a niveles insospechados pocos años antes. Cualquier persona, por unos pocos cientos de euros, podía gozar de una limpieza de sonido, potencia y rango dinámico que, a veces, ni los mejores equipos millonarios eran capaces de proporcionar.

Recuerdo que en la tienda donde solía comprar discos tenían una pequeña exposición de amplificadores y altavoces conectados a diversos equipos de reproducción, tanto platos giradiscos como reproductores de CD. La eterna discusión que nos encantaba al vendedor y a mí reiniciar de vez en cuando era precisamente ésto que acabo de comentar. Él defendía que un buen equipo de alta fidelidad, con plato giradiscos analógico, ofrecía una reproducción de sonido de calidad superior a la de los equipos digitales. Y yo estaba de acuerdo en eso, pero lo que siempre defendí es que un equipo digital ofrecía una calidad superior a la de los sistemas analógicos de coste parecido y que para conseguir equipos que claramente sonasen mejor que uno digital era necesario invertir un dinero que no estaba al alcance de la mayoría de las personas.

© Nuno Fernandes - Radio control knob 2

Los años ochenta trajeron una democratización de la música sin comparación posible con ningún otro momento de la historia de la humanidad. En los siglos XVII, XVIII... por supuesto que era posible disfrutar de una cena íntima con fondo musical. De hecho, ojalá que ahora fuera posible revivir esos momentos. Pero entonces, y ahora, sólo unos pocos privilegiados podían disfrutar diariamente de semejante lujo. Reyes, nobles, altos mandatarios de la Iglesia, burgueses adinerados... Ellos podían cenar escuchando una pequeña orquesta. Pero el común de los mortales apenas tenía qué cenar. Y mucho menos disponía de ocasiones para hacerlo con música de fondo. Durante el siglo XX se fue resolviendo esta desigualdad. El advenimiento del CD consiguió poner al alcance de todos los bolsillos una calidad de sonido que permitía mantener la ilusión de que los músicos iban a estar ahí, que los íbamos a ver tocando detrás nuestro si girábamos la cabeza...

© Abby M - Ipod Video

Hoy en día se hace difícil pensar en un adolescente sin los omnipresentes auriculares del reproductor de mp3 en los oídos. También es fácil pensar en personal de limpieza, trabajadores manuales en ambientes seguros, ... etc., todos ellos con los auriculares puestos. Yo mismo, mientras escribo alguno de los párrafos de este post, estoy escuchando música. Por tanto, cuando alguien me pregunta por el siglo de la música, yo no vacilo en responder que vivimos en él.


  • Texto: © Pitufox27, abril 2013.
  • Imágenes: Proceden de la página Stock.XCHNG y los derechos de copia pertenecen a sus respectivos autores.

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